CLAVES PARA PRACTICAR EL MINDFUL EATING

Mindful Eating

Del mindfulness hemos oído hablar largo y tendido en los últimos años, y a fuerza de tanto escucharlo nos suena a palabreja suflé, de esas que se convierten en un boom y desaparecen con la misma rapidez. Y es una pena, porque el mindfulness es una buena costumbre atemporal, y significa simplemente ser consciente de cada cosa que hacemos, ahora que vivimos en este ritmo frenético, como explica la Sociedad Minfulness y Salud. De cómo nos movemos, cómo nos sentimos, cómo reaccionamos, y por supuesto, de cómo comemos. A este último gesto se le llama Mindful Eating y de ello os voy a hablar.

Y es que no soy yo mucho de comulgar con cosas que “son moda” porque sí, tipo la fiebre juicing o smoothing (venga a llenar el estómago de zumos y batidos), porque me aburren y me encanta masticar, ni con ninguna variedad de vegetarianismo, porque me gusta la carne. En cambio Mindful Eating significa todo aquello con lo que me identifico en la mesa, o con lo que me gustaría conseguir. Es decir: Poner atención a cada bocado, disfrutarlo en lugar de engullirlo, saborearlo masticando despacio (esta parte es la que más me cuesta) o al menos, sin urgencias, oler el plato, ponerlo bonito para que apetezca, y huir de histerismos y radicalismos cuando de conservar el tipo se trata. Comer con cabeza, ni más ni menos. ¿Cuántas veces picamos cualquier cosa para llenar el estómago delante del ordenador o de pie? Te pongo otra situación: Esos días de estrés en el trabajo, de discusión con tu pareja, jefe o amig@, que acaban con el asalto sin miramientos a la nevera, la despensa o la pastelería de la esquina: ¿Saboreas lo que te has metido entre pecho y espalda? Claramente no, y además de ir en contra de tu propósito cuerpo 10 atenta contra tu salud y te hace sentir mal, física y emocionalmente. Por eso se ha inventado el Mindful Eating, que en definitiva es ponerle sentido común a lo que comes.

Aquí tienes algunas claves para practicar la Alimentación Consciente:

Comprométete para tomar conciencia.

Suena a obviedad, pero es la base del Minfulness. Como explican en Minful Eating España, el primer paso que podemos dar es proponernos prestar atención a lo que comemos, y eso requiere un compromiso. Así descubriremos que cada bocado es diferente. Empieza a saborear al menos un par de bocados al día, y luego ve aumentando la cantidad. Elige los momentos en los que estés más tranquil@.

Empieza con un alimento diferente a los tuyos habituales.    

Es la mejor forma de que prestes más atención y no se dispare la ansiedad por comer.

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Aprende a distinguir entre el hambre emocional y la física.

Itzíar Digón, una de las nutricionistas pioneras especializadas en mindfulness, que además organiza charlas, cursos, y tiene consulta particular, recomienda autoanalizar primero lo que te hace llevarte a la boca el alimento que sea. ¿Tienes hambre o es gula? Respira hasta diez profundamente y decídelo más relajad@. Podrás descartar la necesidad emocional de compañía, distracción, premio, etc.

Reduce la velocidad a la hora de comer.

Te servirá para saber dónde está tu límite y cuándo te sientes saciad@, no llen@. Tarda al menos treinta minutos, y sí, ya se que muchas veces lo haces en menos de diez (me too, confieso).

Acostúmbrate a dejar algo en el plato.

No uses tu cuerpo como si fuera el cubo de la basura en el que depositar todo lo que sobra, nadie te obliga a estas alturas de tu vida a comerte todo (mamá, perdóname).

Bebe un vaso de agua antes de empezar.

Itzíar Digón me explicó en una entrevista que le hice hace poco para la Revista AR, que muchas veces confundimos el hambre con la sed, así que si bebemos antes no solo llenaremos un poco el estómago y no nos lanzaremos cual poses@s sobre lo que no nos conviene, sino que además calmaremos también la posible ansiedad.

Y este consejo lo pongo yo:

Establece una buena base dietética, y sáltate las normas de vez en cuando…

…porque es sano mental y físicamente. ¿Te apetece una onza de chocolate como a mi cada noche? Tómatela, pero intenta que sea negro (yo, de hecho, me tomo dos, y con galleta incluida, muchas veces también dos, aunque tengo la suerte de que me gusta sin azúcar o tipo avena).

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Porque, en definitiva, no vivimos para comer, comemos para vivir. ¿No os parece?

Os dejo un vídeo del Instituto Valenciano de Terapias Naturales, con Aroa, Profesora de Cocina, donde se explica de forma práctica y sencilla qué es la Alimentación Consciente.

https://www.youtube.com/watch?v=5Ornfes9OnI

 

 

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Autor: silviacapafons

Periodista de belleza, salud, fitness y estilo de vida

6 comentarios en “CLAVES PARA PRACTICAR EL MINDFUL EATING”

  1. ¡Hola Silvia!

    Me ha parecido muy interesante tu post, yo había oído hablar del mindful eating y reconozco que es algo que me interesa bastante, de hecho trato de ponerlo en práctica cuando me acuerdo.

    Es increíble la relación que existe entre nuestro estado emocional y nuestros hábitos alimenticios, es algo tan automático e inconsciente que muchas veces no nos damos ni cuenta. ¿Y es que quién no se ha podido resistir a esa onza de chocolate sin venir a cuento? ¿O a ese pastelito a una hora del día curiosa? Sin entrar a juzgar un fenómeno tan común, me quedo con el intento de tratar de ser cada vez más conscientes en las comidas, sabiendo que ello nos permitirá dejar los malos hábitos y mejorará nuestra salud tanto física como emocional.

    Un abrazo,
    Mar

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